Llámenlo rabia contenida, verborrea líquida o deflagración de pólvora interna, como quieran, pero de una forma u otra son cuestiones que ya no puedo retener detrás de la pluma. El caso es que el otro día, dentro de mi monotonía habitual, me acerqué a un centro educativo de formación profesional, llamémoslo “Instituto Público de la Santa Hipocresía”, porque tenía que asistir a una clase.
Los tiempos están cambiando.
Últimamente me he percatado de una realidad sorprendente, uno de esos cambios sigilosos que solo solemos percibir normalmente una vez se han llevado a cabo, evidentes por la bendición del tiempo. Les hablo nada más y nada menos que de nuestro modelo de consumo. Hagamos memoria, o mejor, viajemos unos siglos atrás en el tiempo, si me acompañan. Retrocedamos para correr de atrás a adelante por la historia hasta detenernos en el momento presente. Esta vez prometo no utilizar mi látigo ni abusar de la verborrea. Solo será un instante comprimido en dos minutos de vuestro tiempo. Sigue leyendo
¡Horologium ha superado las 500 descargas!
Mi primera novela Horologium, publicada en enero, ha alcanzado una cifra que sinceramente jamás hubiera pensado alcanzar, y menos en el tiempo exacto de 3 meses desde que la subí a la iBooks Store. Eso son más de 150 descargas por mes de media. Teniendo en cuenta que el Marzo Negro me pasó factura con apenas 25 descargas en todo ese mes, la verdad es que me llena de orgullo el haber llegado a tantos dispositivos en este tiempo tan breve. Sigue leyendo
Youzee. Primeras impresiones.
¿Qué es lo que hace a nuestra industria audiovisual hacer agua en el mercado del entretenimiento digital? ¿Por qué el negocio de las series y de las películas de países como Estados Unidos hacen aguas sobre el nuestro? Es un tema complejo, con muchísimos elementos cruzados: manos intermedias que todo lo soban, consumidores exigentes pero avaros, comerciantes en Internet avariciosos y artistas codiciosos. Sin embargo, me atrevo a hacer una aproximación de lo que pienso que es la viga maestra de esta arquitectura que presume de buen contenido y una fachada asquerosa. El problema es —ahora, antes y siempre— el dinero, la plata, la guita o como quieran llamarlo.
Comienza la segunda temporada de Juego de Tronos.
Como ya sabéis todos, me gusta Juego de Tronos más que a un tonto un lápiz, y no quería perder la ocasión de animaros —no ya a engancharos, que lo haréis por vosotros mismos— a darle una oportunidad, si no lo habéis hecho todavía y disfrutar de una producción a la altura de cualquier película de alto presupuesto, solo que dividida en 10 capítulos de unos cincuenta minutos cada uno —al menos así fue la primera temporada y no tengo datos exactos de cuánto durará esta. Sigue leyendo
La Huelga, ¿un derecho de obligado cumplimiento?
Libertad de expresión, la pieza clave en cualquier democracia: el poder del pueblo. Seguro que si pusiésemos a un grupo de hombres del Neanderthal deambulando por las calles sacaríamos el mismo provecho que paseando las pancartas por la causa común —así como de la propia, que ya sabemos que aquí cada uno barre para casa— y gritando a voces nuestros berreos, a colación de lo que a día de hoy están haciendo algunos. De nada sirve alimentar los oídos de un sordo ni escuchar la voz de los ignorantes. Cada uno sabrá por qué va a la Huelga General, y quizás muchos tengan razones de peso, ahí no entro porque no puedo juzgar a gente que no conozco. Lo que sí querría poner sobre la mesa es la aparente sensación de libertad y de poder que nos dan para que juguemos con ella. No me atrevo a decir que seguimos en una sociedad casi feudal, porque sería descabellado, pero que sigue habiendo una brecha entre la clase política y el resto de ciudadanos es evidente. Sigue leyendo
La angustia por la influencia.
Hacer mella en aquello que significa mucho para ti o morir en el intento, esta es la premisa conocida por quienes se embarcan en un nuevo proyecto personal. Es una angustia constante antes y después de dedicar tu tiempo a una idea y de concebirla de manera genial. Una vez que crees en ella y te deslumbra como el Sol de mediodía frente a las del resto, cuando contemplas las posibilidades y te ausentas por segundos para flotar sobre un cielo cubierto de nubes de azúcar y de soñar dulcemente con un mañana más dulce, después de tener todos los cabos bien atados y de atreverte a dar un paso adelante, es cuando comienza a jarrear. De pronto todo se vuelve oscuro, los cristales se empañan y la calma que tenías se desgarra por el rugido de los truenos: es el instante en que te das cuenta de que estás a la sombra de los que vinieron antes que tú.
Eres raro. Enhorabuena.
¿Soy el único que tiene la sensación de que decimos raro demasiado a menudo? Está bien eso de ser original y romper con los esquemas —creo yo—, si bien es cierto que hay casos en que las rarezas rozan tanto lo extraño que nos provocan un rechazo automático: “fíjate como viste”, “¿has visto esas pintas?”, “¿pero no le dará vergüenza hacer eso?”. Sí, son los que comúnmente llamamos frikis. Son esos que no saben vestir, hablan de temas extraños y no fáciles de digerir, se apartan del resto y se agrupan con gente como ellos, conspiran por dominar el mundo, parlamentan acerca de dragones, espadas, orcos y demás temática estúpida, o hacen bromas sobre líneas de código informático que no hacen gracia alguna. Pero espera, ¿no será que el resto son esclavos de un modelo homogéneo de sociedad fundamentada en valores demasiado rígidos?
Hombres, mujeres y plastilina.
El ser humano cada día deja de sorprenderme más. Sí, deja de hacerlo, porque resulta obvio y cansado. No hay más que ver un mínimo la televisión para recibir un fiel reflejo de lo que nos inquieta. Una ventana forrada de plástico que, a pesar de que sabemos que su imagen es turbia e irreal, consideramos ideal. Me he preguntado cientos de veces qué hace que sigamos la programación de tantos y tantos programas basura en la caja tonta, y siempre me viene a la mente el aburrimiento: esos tiempos muertos como la hora de comer —y la de después—, o en los que la encendemos por creer fingidamente que disfrutamos de compañía; sin embargo, esto no explica los altos índices de audiencia de la porquería que nos sirven en bandeja de plata a todas horas. Serían capaces de vendernos estiércol si viniese envuelto como en los Ferreros. Sigue leyendo
Viber y WhatsApp. ¿Son seguras?
Se armó bastante revuelo hace ya un año cuando desde Agmon se extendió la noticia de que Viber recopilaba nuestros datos personales y los vendía a terceras empresas. Después de aquello, la política de Viber se volvió mucho más estricta y desde la misma empresa se resolvieron las dudas de los usuarios que habían leído escandalizados —y cómo no iban a estarlo— la noticia. Ha pasado ya un año desde aquello y no se ha vuelto a hablar mucho del tema. Digamos que quedó en el aire y no se proclamó tan rápidamente su desenlace como la bomba que fuera la noticia, cosa que no debería haber sido así. Recientemente ha ocurrido algo similar con Whatsapp, que en este caso parecía tener una brecha de seguridad. Apple la retiró de la tienda durante unos dos días con el asunto aparentemente solucionado. No es el caso de Android, donde la seguridad parece ser algo más débil. Hasta donde he podido informarme, el almacenamiento del log es extremadamente sincero y transparente, es decir, registra sin protección demasiada información, la cual podría ser muy jugosa para tareas de espionaje.
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